ciento noventa y cuatro

Una mujer en una isla.
No ha llegado a naufragar.
no ha llegado a partir.
caza sueños en los que cena
banquetes inmensos de fantasmas.

Escala la soga
roza el cielo con la punta de sus dedos
siente la humedad de las nubes
se adhiere para siempre en su recuerdo

ciento noventa y tres

Tenía un león sobre la cabeza. Lo paseaba de aquí para allá, de allá para aquí con la nuca alta y la mirada altiva. Lo paseaba como quien pasea un tocado de plumas de avestruz. Con una elegancia de cementerio, una obsesión de matemático descifrando el sonido de la lluvia de verano. Lo paseaba como digo, con altanería, sobriedad, concentración y sin pavor. Pareciese que su cabeza y el león fuesen amantes desde antes del big bang. Caminaban unidos por un diálogo interno y en ocasiones, de un forma tan natural como bostezar, le lanzaba un trozo de carne al aire y seguía paseando.

ciento noventa y dos

estoy en la oficina. es como el tedio tras la pecera. estar aquí mirando, solo mirando, el tiempo. están colocando las mareas y yo no. bajo la ciudad duerme Umberto el día. y yo tengo ganas de sudar. aguardo la noche como las piedras y los peces. mi piel es mar y el pie derecho aún marca una canción de jazz. me he despertado fuera. firmé la paz con falso aroma de café. para no negar al espejo huí. solo quiero buscar la noche en las sombras de la luna. y resulta que ahora son dos. o una y casi una. la vida está llena de sorpresas, dicen. también dicen que es verano pero solo noto el peso del agua. intuyo el vidrio en mi cabeza.

ciento noventa y uno

Solo queremos la noche

Sin dejar rastro como La Orden de Toledo. Reflejando siluetas y cenando caracoles los movimentistas de la ciudad bailan con las sombras.

No esperan de la noche nada más allá que vivirla como venga. Calle arriba o abajo. En las puertas de los bares cerrados, en la barra del Rvbicón, en los parques luminosos, en las cuestas o en los paseos junto al mar.

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ciento noventa

Encontré nueva york cuando no buscaba

Lejos de la 5 Av. Lejos de los luminosos. La ciudad fuera de brodway y los levis baratos. La ciudad al margen de los flashes al toro dorado.
La encontré lejos de su estatua. Muy lejos o no tanto.

En las corbatas que transitan de la oficina al carrito y del carrito a la oficina. En los turcos, los indios, los latinos que facilitan su vida. En los jardineros, las profesoras, los cajeros. Continuar leyendo “ciento noventa”

ciento setenta y ocho

también hay una niña que mira, observa y se apaga.
está tan cansada de jugar con los de siempre.
¿dónde están los que faltan? los que tienen mil razones más.
nosotros ya estábamos despiertos antes de esto.
Si. me dirás… estábamos, pero solos. Y sí, la agenda setting.
Pero y qué. al final se irán, porque están hartos de perder. o no.

ciento setenta y seis

24 de abril y está vez te tocan 24.
¿Sabes? hace un montón que no comemos gusanitos juntas pero no tanto desde la última que fuimos al zoo. Ni desde la última que nos reimos, si más desde que lloramos.
Desde tus diecinueve hemos seguido viviendo, cómo no, y sintiendo. Hemos aumentado considerablemente nuestra lista de vivencias y experiencias, las cosas de hacerse mayor.
Desde tus diecinueve hemos aprendiendo a cocinar, a leer mejor los mapas, a convivir más. Hemos aprendido secretos madrileños, recorrido bares y bibliotecas. Hemos celebrado graduaciones, fines de carreras, comienzos de master. Hemos pasado estres y descansos de balcón. estrenado piscinas, sobrevivido a rupturas.
Desde tus diecinueve hemos pasado miedo juntas perdidas en algún andén de tren, en noches de guardia sin dormir. Hemos recorrido, andado, sudado y viajado. desde tus diecinueve seguimos añorando las vacaciones de verano, los trenes, los aviones, los planes  y los improvisados. Hemos alineado nuestro corazón, y hemos despedido con dolor.
Desde tus diecinueve parece que no, pero han pasado muchas cosas. sigues siendo la misma aunque más tu y menos todos. sigues siendo la misma aunque llena de pedacitos nuevos. Ahora tienes un gofre belga de fresas y plátano, un tranvia en lisboa,  una mora del camino, un mochilero de hostel. Tienes un avión con helices y un vistazo a la historia, tienes una ruptura y un encuentro, mas libros, mas kilometros. Tienes una colección de mapas y algunas recetas, tienes varias navidades y alguna perdida. Tienes más sueños y alguna mudanza, tienes un limonero y una hoguera en la playa, un periscopio, un apaño y alguna vez sigues de vez en cuando teiqueando alguna foto. y por suerte aparezco a tu lado.

ciento setenta y cinco

Miro atrás, a mi espalda.
Miro, al punto mas huidizo.
Ahí donde no puedo mirar ni con un juego de espejos, miro.
Y en ese ahí, sentados, pacientes, con una sonrisa,  bueno, con muchas, porque son varios, están ellos.
Y observan, esperan pacientes, mantienen mi calma por si un día caígo.
Tienen una caja llena de tiritas y un diccionario lleno de palabras.

En susurros me dicen lo que te propongas. Y si no… te cogemos y vuelves a saltar.
En sururros me dicen su frase favorita -tu vales, mucho- y creo que lo creen hasta la médula.

Gracias a ellos yo soy, y soy yo.

 miro a mi familia.